Así hablamos del divorcio con nuestras hijas

Una vez tomada la decisión, el papá de mis hijas y yo hablamos sobre muchos temas que nos involucraban a ambos. Pasos a dar para comunicar la decisión a nuestras hijas, logística de tiempos con ellas, compromisos económicos, fechas, mudanza, informarnos sobre temas legales, tomar acción para moverles lo menos posible la dinámica a nuestras niñas, en general, ponernos de acuerdo en los pasos que daríamos. Fueron momentos difíciles, emocionalmente hablando, recuerdo que pese al sufrimiento logramos actuar como adultos, centrándonos en dar pasos firmes por el bien de nuestras hijas.

Yo tenía muy claro que no quería comunicárselo a mis hijas como un drama ni agregarle mi carga emocional. Dejé pasar algunos días, para estar lo más serena posible y ser clara en el mensaje. Incluso empecé a ir a terapia en cuanto supe que me separaría. Pensé que el lugar era importante y no quise que fuera en casa, además nos pareció importante la presencia de los cuatro. Mis dos hijas, su papá y yo. Finalmente, decidimos que la mejor opción sería en la calle, dando un paseo los cuatro, como solíamos hacerlo la mayoría de las tardes. Así que, de camino al parque, como cualquier día, paseamos y nos detuvimos en una banca, nos sentamos y empezamos a hablar.

El mensaje que les dimos fue claro y sencillo, cargado de verdad. …” Papá y yo hemos decidido vivir en casas diferentes porque ya no estamos contentos viviendo juntos. Mamá y yo hemos platicado y decidimos que ustedes vivirán con ella. Papá vivirá muy cerquita de casa para verlas todos los días y también habrá días en que se vayan a dormir con él” … la plática fue muy cerca de donde viviría el papá de mis hijas, en ese entonces, así que aprovechamos para enseñarles por fuera el lugar.

Mis hijas tenían, en ese entonces, 6 meses y 5 años de edad. La reacción de la mayor fue echarse a llorar y decir que ella se quería ir a vivir con su papá y así yo podría quedarme con mi bebé. Su hermana acababa de llegar, hacía seis meses, y eso fue un cambio también en su vida. Desde luego que dejamos que se expresara y la abrazamos. Una vez que terminó de llorar hizo unas cuantas preguntas, platicamos con ella y seguimos caminando rumbo al parque.

Una vez que mis hijas lo sabían por nosotros, cuidando cada detalle, yo estaba lista para comunicarlo a la familia y a mis amigos más cercanos. Primero se los dije a mi familia, recuerdo que aproveché una reunión familiar donde solo estuvieron mis padres, mis hermanos/as y yo. En ese momento, se trataron varios temas familiares, una vez que terminamos, una de mis hermanas, que sabía que yo quería decir algo, me introdujo y comencé a hablar. Recuerdo haber llorado como una niña, una niña que sentía estar en un sueño, en shock, con miedo y muy triste, recuerdo también que conforme iba hablando mis hermanos/as me tomaron de la mano, otros me abrazaron y entre todos me contuvieron mientras yo lograba articular palabra y compartir mis siguientes pasos. Mis papás escuchaban atentos y nadie dijo nada hasta que terminé de hablar. Alguien me preguntó que, si estaba realmente segura, creo que fue uno de mis hermanos, a lo que respondí que sí. Y también recuerdo haber terminado con la petición de respeto para el papá de mis hijas, porque el divorcio era entre él y yo, como pareja conyugal, pero el papel como papá de mis hijas lo mantendría para siempre dentro de mi familia.

Mis papás me dieron las llaves de su casa, recuerdo con agradecimiento que me dijeron que su casa era mi casa y que podía ir sin avisar, cuando yo lo decidiera. Sentir ese apoyo también fue un alivio.

Después, abrí la noticia con mis amigos/as más cercanos y una vez que el papá de mis hijas lo habló con su familia, también me acerqué a “mis suegros” y “cuñados”, a distancia porque ellos no viven en México, pero de corazón dejé siempre la puerta abierta para mantener viva nuestra relación, con profundo respeto, agradecimiento y cariño hacia ellos. Pienso que nuestras familias siempre serán las familias de nuestras hijas por lo cual para mí fue importante no cortar ese lazo con ellos, sino al contrario seguir fomentándolo.

 

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