Me divorcié ¿cómo lo supero?

El divorcio representa un cambio en la vida de todos los miembros de la familia. Los cambios dan miedo y más aún cuando los mensajes externos, la información y lo aprendido está relacionado con la obscuridad, las peleas, las dificultades, las luchas de poder, el rechazo, el ganar-perder… el divorcio tiene una carga emocional y un significado negativo.

Al principio de mi separación, recuerdo haber pensado muchas veces que mi vida ya no tenía sentido, a pesar de saberme siempre una mujer valiente y fuerte, no tenía certeza de si podría o no vivir después de un divorcio, mi mente me decía que toda mi vida se había derrumbado, mis sueños, mis planes, mi vejez…

Me dolía el corazón, literal, sentía ganas de llorar todo el tiempo, imaginaba que dormía y al despertar todo se habría resuelto y sería mejor, quería encontrar respuestas a todas mis preguntas que, por cierto, provenían del miedo.

Durante el proceso personal tan intenso que inicié desde el día uno de mi separación, descubrí que mi vida no había terminado, sino que a partir del divorcio iba a haber muchos cambios, pero que esos cambios de ninguna manera tenían que ser “malos” o “desgarradores” o “destructivos” sino todo lo contrario. Me dí cuenta de que esos cambios los iría construyendo yo misma, con mis creencias, pensamientos, ideas, acciones, actitudes, palabras, manejo de emociones… Descubrí que mi mente tenía un poder infinito en este proceso y que si quería sanar y transformar mi vida debía empezar por mi misma.

Si bien no hay recetas porque cada quien es distinto y cada historia también, estos pasos me funcionaron:

Paso uno, elegir el proceso de divorcio que quiero seguir, preguntarme ¿qué experiencia quiero vivir con esta separación? Puedo escoger la que conozco, la que me han mostrado, la más común o puedo elegir una distinta, una que me lleve a una transformación, una que aunque no sepa “cómo lograrla”, sea congruente con mis valores, conmigo, con lo que quiero enseñarles a mis hijos, con la vida que quiero construirme…

Paso dos, hacerme responsable de mi y de mis decisiones. Decidir qué historia me quiero contar de lo está sucediendo en mi vida. Trabajar en mí y en mis propias limitaciones y evitar echar culpas y responsabilidades al de enfrente. Aprender de las experiencias y avanzar. Revisar creencias y pensamientos que no suman en mi vida y transformarlos…

Paso tres, aprender a manejar mis emociones. Conocerlas, nombrarlas, sentirlas y abrazarlas. Al principio de mi separación, me resistía a estar triste y llorar, me resistía a sentirme mal y no querer nada… cuando aprendí a manejar mis emociones fue mágico porque logré no sólo conocerme y conectar conmigo sino que además desarrollé la capacidad de observar las emociones de los demás. Eso me permite ser consciente que desde el amor puedo fluir y generar más amor a mi alrededor…

Pienso que las relaciones tienen un propósito, para cada persona representa una experiencia diferente, cada quien tiene sus propios aprendizajes. Modificar mi creencia de que las relaciones tienen que durar toda la vida, hoy, me permite concebirlas desde el amor, como una oportunidad para crecer, disfrutar y agradecer.

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